¿Por qué seguimos pecando?

Se ha preguntado usted alguna vez: ¿Por qué, si somos hijos de Dios, y hemos sido salvos por medio de su Gracia, seguimos pecando desmedidamente? Pregunta muy difícil de responderla, y la razón es sencilla: “TODOS PECAMOS, INCLUSO LOS CRISTIANOS” Aquí algunas razones o motivos por los cuales muchos pecamos desmedidamente, cuando debería ser todo lo contrario…

Porque satisfacemos nuestros deseos carnales:  No confundamos pecado con deseo, uno viene del pruducto de satisfacción, y el otro surge o nace de la necesidadde satisfacer algún apetito carnal.

Siempre que tomamos esos deseos en nuestras manos y dejamos de lado la voluntad de Dios es que descendemos a ese camino lleno de infelicidad, dando paso al pecado y a la muerte:  Entonces después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

(Stgo.1:15) Tenemos presente que el diablo siempre nos va a incitar al pecado, pero él no es el responsable del pecado, sino nosotros cuando nos dejamos arrastrar por esos deseos que él pone en nuestra mente.

Porque no permitimos la renovación espiritual:   Revestirse significa:  Que nuestra conducta debería estar acorde a nuestra fe en  Jesús.

En otras palabras, si somos cristianos deberíamos entonces actuar coherentemente o sea ir por el camino correcto:  No mintáis los unos a los otros, habiéndonos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.  (Colosenses 3:9-10) Si no desviamos nuestra mente hacia el Señor, entonces vamos a seguir cayendo en más y más pecado el conocimiento pleno.

(Colosenses 3:9-10) Si no desviamos nuestra mente hacia el Señor, entonces vamos a seguir cayendo en el cambio en nuestra vidas hacia El.  La renovación requiere práctica, revisión, paciencia y concentración para mantenernos en concordancia con

Por la lucha espiritual que libramos dia a dia:  Desde el día que recibimos a Cristo como el Señor y  Salvador de nuestras vidas, se desato una lucha desmedida entre la carne y el espíritu, en nuestro interior:  La verdad es que no entiendo nada de lo que hago,  pues en vez de hacer lo bueno que quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer.

Pero, aunque hago lo que no quiero hacer, reconozco que la ley es buena.  Así  que no soy yo quien hace lo malo, sino el pecado que está dentro de mí.  Yo sé que mis deseos agoístas no me permiten hacer lo bueno, pues aunque qiero hacerlo, no puedo hacerlo.

En vez de lo bueno que  quiero hacer, hago lo malo que no quiero hacer.  (Rom. 7:15-19 TLA) Esta  confesión de Pablo es como el grito de un cristiano desesperado que lucha contra el pecado, tratando de agradar a Dios.

Nunca se nos ocurra luchar con el poder  humano, debemos apropiarnos del poder enorme de Cristo que esta a nuestra disposición, así y solo así vamos a ganar esa lucha espiritual.

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