Fallarle a Dios -Parte 1

Todos sabemos que fallarle a Dios es hacer lo que va en contra de su voluntad, el caso mas obvio es: “el pecado”. Y es que el pecado es el enemigo numero uno de nuestra relación personal con el Señor, el pecado es el que nos aleja de su voluntad y nos da como resultado dolorosos episodios en nuestra vida.

Y es que se nos olvida que diariamente tenemos una lucha constante contra nuestros propios deseos de la carne, esos que de una u otra forma nos quieren llevar a FALLARLE a Dios.

Lastimosamente hay momentos en los que fallarle a Dios ya no es tan doloroso, hablo de esa vida constante de pecado que no nos permite avanzar en la vida cristiana y que es un obstáculo enorme para que Dios se manifieste libremente en nuestra vida.

Muchas veces la mente del ser humano esta tan acostumbrada al pecado que ya ni sentimos que le fallamos a Dios. Quiero decirte que Dios todo lo ve y todo lo sabe, aun cuando nuestra mente quiera negar que las cosas que realizamos no son malas, debemos colarlas en la presencia del Señor.

Pero no encajonemos el hecho de fallarle a Dios solo con “el pecado”, pues le podemos fallar a Dios aun cuando no cometemos pecado.

Hablo de esos momentos en los cuales Dios espera encontrarse con nosotros a solas para platicar, hablo de esos momentos en los cuales Dios nos quiere ministrar con su Palabra y nosotros le fallamos, llegando tarde a la cita, quizá cansados y en los peores casos, ni siquiera llegamos a la cita.

Cuando tu le dices a tu mejor amigo que lo veras el día de mañana a las siete de la mañana en tal lugar para platicar y llega ese día, a esa hora y tu no llegaste a la cita, ¿Qué significa eso?, significa que le fallaste, que le quedaste mal.

Así mismo es con Dios, ¿Cuántas veces el ha hecho cita especial con nosotros y por “x” o “y” circunstancia le fallamos, le quedamos mal?

Esa es la razón por la que muchas veces no recibimos las bendiciones que deberíamos recibir, nos pasamos la vida quedando mal con Dios, fallándole en todo sentido.

No solo el pecado me aleja de Dios, sino mi actitud de no querer tener comunión con El.

 

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