Cristo nos libertó para que vivamos en libertad

Cuando decidimos creer en Jesús e invitarle a nuestro corazón fuimos libertados del pecado, nos hizo libres, ya no seríamsi-cristo-te-ha-hechoos esclavos del Diablo.

El problema es que con el tiempo nos volvemos religiosos, acostumbrados a la rutina diaria de lo que mal llamamos comunión con Dios, nos volvemos dependientes de las cosas, de la liturgia en el culto, de las alabanzas como temas musicales y del servicio ególatra en las iglesias.

Esa “nueva” esclavitud nos hace perder los sueños que nacieron en nuestro corazón al momento en que Cristo nos libertó, nos roba la alegría y nos hace dependientes del entorno.

Nos cautiva en depresiones, en amarguras, ingratitud, indiferencias y otras actitudes que lejos se encuentran de la alegría que tuvimos al comienzo de nuestro caminar como discípulos de Cristo.

Cuando vivimos esclavizados a ciertos cautiverios personales que son producto de algunas conductas en pecado sin confesar, o de algunas costumbres adquiridas con el tiempo y que se arraigan en nosotros muchas veces de manera involuntaria volviéndose voluntarias, es cuando dejamos la Libertad que Jesús nos otorgó para hacernos esclavos de las circunstancias a las cuales nos hemos sometido, un sometimiento voluntario que partió con una pequeña desobediencia a las Palabras de Dios.

En esos momentos olvidamos que alguna vez reímos, que alguna vez se nos llenó el corazón de nuevas motivaciones y nuevas formas de vivir con gozo. Es necesario que volvamos a reír, volvamos a soñar, a correr y Alabar.

Aunque Cristo nos libertó, somos nosotros los que volvemos a esclavizarnos. El tena es que debemos aprender a vivir en esa Libertad.

El texto allí en Salmo 126:1-3, nos indica como el pueblo de Israel cantaba de forma gradual un cántico dedicado al gozo de la libertad, aún viviendo en Cautiverio, sabían que la libertad les haría libres, volverían a soñar y alabarían por siempre. Ahora estaban tristes, anhelantes de una vida distinta, plena y gozosa. Muchos de nosotros vivimos vidas esclavizadas a formas y estilos que nos hacen olvidarnos del gozo, vivimos del que dirán.

Cuando Cristo llega a la vida de una persona se produce un impacto al interior del ser, las cadenas que esclavizan son rotas. Por eso es necesario que vivamos dependientes de Él cada día,.

La libertad es un estado que no acepta los cercos internos, se expanden las ideas, la visión se pierde en la inmensidad de la misma.

¿Qué ganamos con la Libertad?

a) Vuelven los sueños, se tienen objetivos de vida y se tienen esperanzas para alcanzarlos. La fe alcanza sentido, pertenece a los libres la convicción de lo que no vemos y la esperanza de lo que esperamos.

b) Se llena de risa nuestra boca, el gozo se transforma en parte de nuestro estilo de vida. La alegría ya no se termina, se transforma en un estado constante del gozo de ser libres

c) La alabanza está siempre en nuestros labios, alabamos con fuerzas y entusiasmo. Esta situación no debe terminarse nunca pase lo que pase. Aunque como hemos visto, la alabanza deberá estar en cada momento en nuestros labios, cuando estamos libres, es cuando la evidenciamos con mucho entusiasmo.

d) Se produce un testimonio que impacta, el reconocimiento por parte de quienes nos observan es evidente cuando somos libres, nos observan y se preguntan que nos pasa, nos reímos solos, estamos felices y ese gozo les motiva a querer reír como nosotros.

Hoy es el tiempo de que comiences a vivir en Libertad. Ya basta de seguir esclavizado si lo que Dios quiere es que vivas en Libertad. Es tiempo de volver a soñar. Es tiempo de volver a reír. Es tiempo de volver a cantar. Es tiempo de impactar a todos con tu libertad

“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace” (Santiago 1:25)

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